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CO-SAVING STAY, una oportunidad de negocio en medio de la pandemia

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Este concepto está transformando la forma de rentar inmuebles para uso turístico.

 

Un nuevo concepto está cogiendo fuerza en el país, y más específicamente, en el sector del turismo colombiano. Se trata de CO-SAVING STAY, un modelo que se basa en la economía colaborativa y que, desde su llegada, se ha encargado de transformar la forma de rentar inmuebles para uso turístico; facilitando los procesos, y generando mayor valor a sus usuarios y propietarios.

CO-SAVING STAY, va más allá de ser un tipo de vivienda turística, en la cual el beneficio está en los ingresos, que son más del doble de una vivienda tradicional. Inclusive, va más allá de tener un apartamento vacacional para rentar por unos días -y evitar los tan frecuentes conflictos en las famosas asambleas de copropietarios-, gracias al reglamento único de propiedad horizontal, que permite el arriendo como vivienda turística.

Pero para nadie es un secreto, que varios de los problemas del alquiler de la vivienda turística tradicional, son el mantenimiento, la operación y la administración del mismo, al igual que la entrega de llaves, el aseo, mantenimiento de equipos domésticos, y gastos fijos que implica el sostenimiento de la propiedad.

 

Como una solución a las dificultades anteriormente mencionadas, se puede apreciar el CO-SAVING STAY, al nacer de la necesidad de los propietarios, de aplicar esa economía colaborativa para el ahorro en los gastos fijos y servicios, que demanda la propiedad mes a mes. Asimismo, se busca disminuir los dolores de cabeza que se presentan cuando se reciben llamadas a cualquier hora del día, con reclamos de los inquilinos porque falta el mantenimiento del aire acondicionado, entre otros.

 

Sin embargo, para entender el concepto de CO-SAVING STAY, es necesario plantear el siguiente ejemplo: un condominio de 100 apartamentos donde cada propietario alquila su unidad 20 días del mes, y contrata una mucama para que le haga aseo por 15 días del mes a un costo de $30.000 día; los propietarios, pagarían $540 millones anuales, solo por este concepto; con el CO-SAVING STAY, pagarían nada más el 15 por ciento de esa cifra. Igual ocurre con la televisión e internet, ya que la propiedad contaría con un canal dedicado para toda la copropiedad, pagando solo $40.000 mensuales (por apartamento), a diferencia de un inmueble tradicional, que pagaría $250.000 por estos dos servicios.

Lo interesante del concepto, es la facilidad de administración desde el celular, y desde cualquier parte del mundo, ya que se puede rentar a través de plataformas como Airbnb; coordinar la entrega de llaves con el conserje del edificio; o colocar cerradura digital que se podrá activar o desactivar desde un teléfono con una clave cada vez que se alquile.

 

Por otro lado, servicios como el lavado de sábanas y toallas, se manejan a través de outsourcing de lavandería dentro del mismo edificio, donde el costo para la copropiedad, es de cero, porque la dotación y el mantenimiento, corren por cuenta de dicha compañía; solo se paga por las veces que el inquilino desee usar el servicio.

Sin lugar a dudas, esta modalidad, marcará la tendencia del 2020 – 2021, y su crecimiento, será exponencial a medida que pasen los años, pues es la fusión perfecta entre ingresos, ahorro, mantenimiento y seguridad, para los inversionistas que buscan maximizar sus ingresos de la manera más simple, al aplicar el sistema de economía colaborativa, que permite a los propietarios tener un inmueble autosostenible, no solo en la parte monetaria, y logística, sino en todo sentido.

“El potencial del CO-SAVING STAY es enorme en Colombia, sobre todo en ciudades turísticas como Santa Marta, donde su población flotante es todo el año y los ingresos en este tipo de vivienda, son superiores al sector hotelero y comercial”, afirma Rubén Jiménez, CEO de Jiménez Constructores, y pionero en la creación de este concepto.

Jiménez, lanzó su segundo proyecto bajo esta idea en diciembre del año pasado. Salinas del Mar, está ubicado en la zona de Pozos Colorados, con vista al mar y a la reserva natural urbana más grande de la ciudad con 35 hectáreas. Este proyecto, está diseñado para que el inversionista, pueda rentar su suite o apartamento desde la ciudad o el país donde se encuentre, sin ningún inconveniente.

 

 

Una oportunidad por el cambio del dólar y otros beneficios

Los más beneficiados en medio de la situación, y la pandemia que acosa a todas las naciones del mundo, son las personas o empresas que generan ingresos en dólares por la tasa de cambio actual, que en comparación a 3 años atrás, hoy la propiedad le costaría un 40 por ciento menos. Comprando una suite o apartamento sobre planos, podrían llegar a tener una valorización en 3 años no menor de un 20 por ciento, siendo esta, una inversión extremadamente rentable para los compradores.

 

Además, al ser el CO-SAVING STAY, la evolución y unión entre la segunda vivienda, la vivienda turística y el hotel, se genera un ahorro, se obtiene una mejor renta, y mayor simplicidad en su operación, pero igualmente, se exige un número importante de amenidades y servicios para que esa propiedad, sea la más apetecida por los viajeros, ‘millennials’, y señores de la tercera edad, y en ese sentido, Salinas del Mar es una excelente opción, que contará con más de 20 amenidades y servicios como co-working, cabina de masajes, salón de lectura, piscinas, club de niños, y guardería de mascotas.

 

HISTORIA DE LAS SALINAS DE POZOS COLORADOS

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Santa Marta, que por aquel entonces era un municipio que no superaba los 70 mil habitantes, tenía cifradas esperanzas en el nuevo emporio comercial que se avecinaba. La zona de playas que comprendía a Bahía Concha, Gairaca, Cañaveral y otras ensenadas, pasarían de sitios inhóspitos a grandes centros hoteleros y vacacionales.

Pero la proyección se vino abajo cuando bajo la Resolución 191 de 1964, declararon la zona como Parque Nacional Tayrona. Las ilusiones de quienes querían ver urbanizada la costa norte de la ciudad se esfumaron y ante el propósito de crecimiento en la industria del turismo, el Gobierno Nacional ofreció por aquellos años unas tierras: las salinas de Pozos Colorados, un vasto y peculiar territorio, al cual casi ninguno apostó. Sólo tenía una carretera que comunicaba con el resto del país, sin servicios públicos básicos y áreas pantanosas, todo esto a cambio de declarar zona protegida el polo opuesto de la ciudad.

Para entonces, Pozos Colorados estaba bajo dominio del Instituto Colombiano para la Reforma Agraria, Incora, entidad que comenzó a adjudicar poco a poco terrenos a quienes no dudaron de su futuro prometedor.

Hoy Pozos Colorados pertenece al casco urbano de la ciudad y en él están construidos hoteles, apartamentos, centros de convenciones, conjuntos residenciales y restaurantes, enmarcados en la vocación turística para el cual fue adjudicado

 

Capítulo I: sal de nuestros ‘hermanos mayores’

En época prehispánica, Pozos Colorados era habitada por nativos dedicados a la agricultura y la pesca, agrupados en un pequeño poblado tayrona llamado Durcino. Durante las sequías y frente a la costa, algunas lagunas naturales formaban estanques de agua salada, que con el sol cristalizaban la sal marina, llegando a un punto de oxidación, por lo que los españoles bautizaron la zona como Pozos Colorados. La explotación de la sal, según registros históricos estuvo a cargo del pequeño asentamiento del Durcino entre el siglo X hasta el XVI d.C., para el uso como conservante de alimentos no perecederos y algunas propiedades medicinales: Esto daba a la zona una significancia especial, la cual durante la época indígena generó la creación de cacicazgos en la mayoría de yacimientos de sal marina de la región.

 

Capítulo II: los dominios del rey sobre las salinas 

Aunque a partir del siglo XVI con la conquista del Nuevo Reino por parte de España el dominio de las salinas seguía siendo de los indígenas, los conquistadores comenzaron a establecerse en algunos sectores alrededor de la explotación de la sal.

Sólo hasta el siglo XVII, cuando en 1777 el rey Carlos III, ordenó la administración absoluta de las salinas y más adelante, luego de la Independencia Nacional, el Estado declaró la propiedad absoluta de la explotación

Por aquella época las tierras de Pozos Colorados pertenecían a un gran terreno conocido como Los Cerritos, una extensión de 5.800 hectáreas que llegó a comprender a partir de la parroquia de San Jacinto en el poblado de Gaira, hasta la quebrada el Doctor en límites hoy con Ciénaga. Los pocos indígenas que quedaban para entonces explotaban la sal precipitada en las lagunas que el mar dejaba con las crecientes, teniendo que darle tributo no a los dueños de las tierras, sino al propio reino español.

Capitulo III: la tierra se dividió

El gran globo de tierra de Los Cerritos pasó a otras manos y comenzó una división entre los herederos de la familia que ostentaba su propiedad. Hijos, primos, sobrinos, nietos, bisnietos y toda la descendencia, desmenuzaron en pequeños lotes los 58 millones de metros cuadrados, de 1904 hasta hoy, una zona subdividida en más 200 partes.

 

Capítulo IV: entra en juego la Nación

Si bien es cierto el derecho de dominio sobre la explotación de los recursos minerales por casi cuatro siglos fue exclusivo de la Nación, sus gobernantes se veían obligados a negociar con los dueños por títulos de esas tierras.

En pleno siglo XIX la producción de la sal marina en Santa Marta era una de las más apreciadas del territorio nacional. Junto a Pozos Colorados estaba Chengue al norte de la ciudad, y que hacia 1869 alcanzaba a extraer el 8.3 por ciento de la totalidad de la sal del país, superado sólo por las salinas de Galerazamba, que constituía el 25%.

Era tal el interés del Estado por consolidar el dominio que en 1871 el ministro de Hacienda del gobierno del Presidente Eustorgio Salgar, Salvador Camacho Roldán, refirió: “Las salinas han sido siempre una propiedad nacional, tan evidente, tan incontestable, como la propiedad de una casa respecto del que la construyó.

Propiedad primero de la Corona de España, de la antigua Colombia después, de Nueva Granada y de la Confederación Granadina en seguida, de los Estados Unidos de Colombia hoy, sus títulos de propiedad están consignados especial y expresamente en todas las constituciones sancionadas a nombre de todo el pueblo colombiano de 1821 hasta 1863”.

Datos del Archivo Histórico de la Nación describen que para fines del siglo XIX las salinas de Pozos Colorados eran administradas por el ciudadano José Domingo Dávila, estableciendo una especie de arrendamiento para la explotación del mineral. Entonces, la guerra de los Mil Días, ocurrida entre 1899 y 1902, mermó considerablemente el poder de la Nación sobre la explotación de sus recursos, bajando considerablemente las ganancias económicas que habían observado en el siglo XIX.

Capítulo V: sube ManaureCapítulo V: sube Manaure

El cuarto de hora para Pozos Colorados iba pasando poco a poco, los bajones en los precios de los sacos de sal, a causa de la postguerra, afectaron la producción en las primeras dos décadas del siglo XX. Galerazamba continuaba con su hegemonía por la cercanía a Cartagena y Barranquilla, pero hacia 1920 emergía el futuro “Potosí” de la sal en Colombia: Manaure.
Hacia el año de 1941 el Estado nombró al Banco de la República como la entidad administradora de todas las salinas del país, implementando con ello la modernización de las instalaciones a través del convenio Concesión Salinas.

La aparición de nuevas técnicas en conservación de alimentos y la prohibición para el consumo humano, sumado a la escasez del mineral por las nuevas construcciones que taponaban el ingreso de agua de mar a los lagos, ocasionaron que en los años 70 y 80, las salinas de Pozos Colorados fueran cerradas. Colombia se conformaba con Manaure que por aquella época abastecía con el 70 por ciento de la sal que se consumía en el país.

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